hecho a mano, despacio
Seguimos en el mismo barrio donde empezamos: si no lo podemos reparar, no lo hacemos.
La historia corta
Empezamos vendiendo por redes, desde el comedor de la casa. El primer pedido lo entregamos en bicicleta, envuelto en papel de diario, y la taza llegó entera de milagro.
Cuatro años después arrendamos treinta metros cuadrados y contratamos a dos personas. Ahí aprendimos a decir que no a lo que no podemos hacer bien.
Hoy somos ocho manos y seguimos en el mismo barrio, con la misma regla: si no lo podemos reparar, no lo hacemos.
Puertas adentro
quiénes lo hacen
la del torno
Empezó arreglando lo que otros tiraban.
hornos y esmaltes
Decide qué se puede fabricar y qué no.
la que contesta
La que responde el domingo, con calma.
Preferimos hacer cien piezas que alguien conserve diez años, antes que diez mil que duren una temporada.
para tu casa
Piezas que se agotan y se rehacen corrigiendo lo que salió mal.